Maryclen Stelling.- Venezuela, inmersa en un contexto de crisis multidimensional, paradójicamente está sometida a una definición cada vez más subjetiva de la política a medida que se aproximan las elecciones del 20-M.

Las fuerzas políticas se enfrentan al desafío planteado por el uso simbólico de la política y las percepciones ciudadanas. Desde allí se construyen amenazas, peligros, certezas y seguridades. Arsenal perceptual que media la relación con la política, el adversario, los hechos y, por supuesto, con las elecciones. Suerte de lentes con los que nos encaminamos hacia la confrontación electoral, caracterizada por la agudización de la polarización y la fractura que afecta las fuerzas de oposición.

La ciudadanía va a las urnas provista de una serie de actitudes y comportamientos políticos aprendidos, que influirán en la manera como evaluarán y reaccionarán ante el próximo proceso electoral. La forma como se percibe el sistema político indudablemente incidirá en los niveles de participación electoral, en la abstención y en la decisión de por quién votar.
¿Qué está en juego? ¿Qué se debate? Especulaciones y hechos; la confianza o desconfianza en el en el sistema político, Gobierno, y el propio proceso electoral; la satisfacción o insatisfacción con la gestión; la permanencia o cambio de Gobierno; la identificación partidista y la participación electoral. La convicción de elecciones competitivas y libres compite con la “certeza” de fraude electoral, que mina la legitimidad del voto como medio de participación.

A un mes de las elecciones, ¿cómo influyen las evaluaciones del sistema político en la decisión ciudadana de votar? Entran en juego las valoraciones positivas o negativas del sistema electoral. Las de carácter positivo invitan a la participación, mientras que las negativas conducen a una aversión al sistema político, minan la legitimidad del voto e inducen a la apatía política. La desconfianza no necesariamente inhibe la práctica democrática del voto, dado que la opción de votar se presenta como vía para castigar y responsabilizar al Gobierno y sus funcionarios del “fracaso”. Quienes desean influir en las decisiones políticas -pero no consideran el sufragio como la vía para defender sus intereses o como una forma no efectiva para cambiar el gobierno- pueden apelar a modos de participación no electorales, protesta, violencia, sabotaje, presión internacional hasta el extremo de desear la invasión…

Voto, no voto, participo mucho, poquito, nada
@maryclens