DESENMASCARADOS

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DESENMASCARADOS

Por Luís Remirez

Les presento el disco de estudio N° 08 de la banda norteamericana Kiss, Desenmascarados, publicado el 20 de mayo de 1980. Representa una etapa de transición entre el rock y el pop, así como una época de problemas con el baterista Peter Criss, quien a pesar de aparecer en la portada no tocó  el instrumento en el disco, en su lugar lo hizo Anton Fig. Esta producción tuvo éxito a nivel comercial, un posicionamiento razonable en el Billboard 200 y una buena acogida en Europa y el resto del mundo.

Los hechos ocurridos esta semana caracterizados por la violencia, los enfrentamientos, heridos y muertos nos llevan a la necesidad de repensar nuestro país y el papel que desempeñamos como ciudadanos venezolanos. Las manifestaciones, en la forma como se vienen desarrollando, no sinoniman un estado de libertad ni mucho menos de autonomía. Hemos ido montando de forma progresiva una trampa de la que poco a poco se nos hace cada vez más difícil escapar. Creer que lo que hacemos en este momento es lo que esencialmente nos define nos convierte en ciudadanos de poca fe en nosotros mismos.

A este respecto, confrontamos el compromiso de desenmascararnos y devolver a la memoria individual y colectiva el recuerdo de lo que realmente somos. Si la vida se nos ha transformado exclusivamente en un sendero de incertidumbre y preocupaciones es porque así lo hemos decidido; nadie nos obliga puesto que somos libres y la libertad se ejerce por voluntad propia, tanto así que podemos elegir negarnos a estar de acuerdo con una u otra forma de pensamiento, pero no con los pensamientos, expresividad y acciones inquisitorias, auto flagelantes y auto limitantes  que nos imponemos en este momento y que nos imponen. Somos mucho más que eso, por consiguiente, nuestra consigna de vida no debe ser “Esto se lo llevó quien lo trajo”.

En medio de una situación como esta surgen iniciativas dispuestas a refrescarnos la memoria sobre lo hermoso que hay en la condición y la naturaleza humanas. Mucho de nosotros es ilusión y esperanza; sueños, anhelos, fe y devoción en nuestras propias capacidades y la multiplicidad de oportunidades y recursos de los que nos dotan la vida y el universo. El ser humano se maneja en dos vertientes maravillosas: una, el mundo real, el que día a día se planta frente a nosotros como un constante reto dispuesto a poner a prueba nuestra capacidad de superación. El mundo que pisamos, ese en el que nuestros pies se resecan, se mojan, se embarran, pero que, sin importar la naturaleza del recorrido, nunca nos niega la maravillosa posibilidad de dejar huella. Ese mundo que nos pide adaptarnos a él, que le reconozcamos, le comprendamos y le valoremos, pues de él y de nadie más depende nuestra existencia.

Por otro lado, existe el mundo posible, el que habita en la imaginación del hombre; aquel que no conoce de límites ni fronteras de cualquier tipo. Ese mundo al que escapamos para sentirnos libres, cuando nuestro mundo real nos agobia y nos hace caminar pesadamente. Ambos se conjugan para recordarnos que como seres conscientes somos capaces de hacer cosas maravillosas que superan en mucho las más grandes diferencias causantes de dolor e incertidumbre.  Por ello, repito, estamos frente a la urgencia de quitarnos la máscara que no ahoga en este momento y detrás de cuya fachada se oculta lo que realmente somos.

Desde otra perspectiva, pero en relación al mismo tema, está naciendo en Zea una interesante iniciativa llamada ARTZ, Fundación Cultural. Sí, porque esto ocurre cuando alguien se atreve a seguir creyendo en las facultades creativas y constructivas del hombre. Pasa que nunca falta quien quiera librarnos a través de las diversas manifestaciones artísticas de la pesadumbre y la monotonía que fluye desde el chachareo sobre la mala situación de la nación. Suele ocurrir que siempre contaremos con personas que como el flautista de Hamelin, desean espantar de nuestro lado los enjambres de ratones que constituyen las miles de palabras lanzadas a vuelo  como pájaros de mal agüero, cuyo único y lamentable destino es convencernos cada vez más de nuestra aparente inutilidad e incapacidad de reacción.

ARTZ, Fundación Cultural nos recuerda que en la multiplicidad de la acción artística y cultural  hay mucho que nos une y nos hermana, que nos permite descubrir el lado hermoso de nuestra sensibilidad y convertirnos en repositorio de nuestras propias ilusiones. Nos devuelve a los patios de las correrías compartidas, de los juegos en una tarde soleada, de las tertulias para enfrentarnos en lo positivo y salir todos ganadores porque se trata de construir, innovar, proponer, cambiar la visión de la vida por una de simple compromiso a una de más emoción, fe y esperanza amparada en el desarrollo de actividades culturales de diversa índole. Un quehacer en donde todos seamos al mismo tiempo, maestros y alumnos por igual. Es el momento de convertir el arte en expresión compositiva de la existencia, sin que ello implique dejar de ver la vida como una labor de redacción amparada en la disciplina y el cumplimiento del deber. Todo esto puede lograrse desde el accionar del esfuerzo conjunto.

Pero debemos actuar, no solo pensar y proponer desde la palabra, porque el cambio colectivo es la suma de los cambios individuales. En el arte se requiere vocación, para el desarrollo y fortalecimiento de las culturas útiles al hombre se demanda convicción y esfuerzo. En el simple hecho de dar el primer paso hacia la participación se eleva la posibilidad de descubrir cualidades que ni tan siquiera soñamos para nosotros y para los demás. ARTZ, Fundación Cultural desea ser un puente para cruzar hacia el mundo real de lo constructivo, un catalizador de la sensibilidad humana que se reencuentra con el lado sonriente, esperanzador de la existencia.

Probablemente nos hemos dejado bombardear por una cultura de vida que aparentemente nos pone en estado de orfandad con respecto a la fe y la esperanza en el potencial humano; pero no es así, el hombre nunca nace huérfano de fe y esperanza. El simple hecho de ser parte de la vida por voluntad de los demás es un acto heroico. Esta es una batalla que nadie pide librar. Sin embargo, la mayoría de las personas apuestan por lo constructivo, por lo hermoso, por lo que inspira la posibilidad del mundo mejor siempre soñado. No mal juzguemos a quienes  deseen hacernos creer que la única salida es la palabra subida de tono, las manos armadas con piedras y los rostros cubiertos con tela, cubiertos dicho sea de paso, porque aunque aparenten creer tener la razón, saben en su fuero interno que su conducta es una falsedad, que la ausencia de argumentos racionales es lo que los obliga a cubrirse, no el humo de las bombas ni las esquirlas de las granadas.

Apoyemos la iniciativa de ARTZ, Fundación Cultural, de forma tal que nuestros hijos y los venezolanos en general vayan saliendo progresivamente de esta preocupante y prolongada sequía de armonía. Hagamos que los venezolanos y el resto de la raza humana terminemos por comprender que siempre en cualquier lugar, en cualquier momento, bajo cualquier circunstancia, sin importar cuan largo y penoso sea el recorrido, siempre habrá prados verdes y bosques  abundantes donde refugiarnos para devolverle a la vida la gratitud por el hermoso regalo de convertirnos en parte de la existencia. El mundo real inspira, el mundo del arte crea y recrea para devolverle al hombre la ilusión de seguir siendo parte del mundo real.

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